Recientemente en el marco de unas Jornadas de Atención a la Diversidad asistí a una conferencia de D. Javier García Perales sobre un programa de convivencia escolar que como orientador escolar había estado experimentando en los últimos cursos.
Su experiencia tiene como referencia el programa Golden5 que la profesora Mª José Lera (Universidad de Sevilla) y otros profesores europeos están llevando a cabo en distintos centros educativos.
Mi intención con este artículo no es describir el mencionado programa, si no extractar, a modo de recetario, determinadas consignas que pueden favorecer ciertos cambios de mentalidad en algunos y algunas docentes y empezar a resolver de otra manera las dificultades de gestión de aula que, en algún momento, pueden tener.
Vamos con el recetario:
- Los mensajes o diálogos interiores del tipo “he hecho todo lo que he podido y esto no funciona” no son útiles y además no son realistas. Tenemos que buscar pensamientos más positivos: tenemos que cambiar nuestros pensamientos.
- Tenemos que evitar mensajes no verbales negativos. Por ejemplo entrar cabizbajos en el aula o no mirar a la cara al alumno.
- Evitemos mensajes del tipo: “ya estás como siempre” o “nunca sacas los libros”.
- Debemos de centrarnos en la conducta del alumno o alumna y no en sus características personales. Concretamente nos interesa hacer hincapié en la conducta que esperamos y no en la que queremos suprimir.
- Vamos a dirigirnos al alumno por su nombre. No usemos gestos, palabras o tonos de voz despectivos.
- Miremos al alumno, usemos gestos adecuados y aproximémonos a él.
- Apercibamos en privado y reforcemos públicamente las conductas adecuadas. Prestemos atención a conductas positivas alternativas. Prestemos atención al alumno cuando esté trabajando, facilitémosle AYUDA cuando la necesite y lleguemos a ACUERDOS de trabajo y/o conducta con ellos.
- Usemos alguna cualidad positiva del alumno como referencia común en el aula.
- Informemos al alumno de las consecuencias de la conducta negativa si ésta persiste.
- Con su conducta muchos alumnos están reclamando nuestra atención. Si se la prestamos, estamos reforzando esa conducta. En alguna ocasión, esa conducta podemos obviarla. En otros momentos, podemos solucionarlo anunciando al alumno una charla con nosotros a la finalización de la clase. Otras veces lo podemos invitar a que abandone la clase durante unos minutos (“espera fuera hasta que yo te avise”, con firmeza)...
- Hablemos bien del alumno delante de otros adultos y de otros alumnos.
- Saludemos al alumno cuando nos lo encontremos fuera del aula.
- Hablemos con el alumno de otros temas (no sólo educativos).
- Recordemos con el alumno algo que él nos haya contado.
- Nosotros también podemos hablar de nosotros mismos.
- Utilicemos el sentido del humor. Sin herir.
- Mostrémonos firme, pero sin humillar.
- Seamos empáticos, pongámonos en el lugar del alumno y negociemos.
- Cuando vayamos a dar la clase, informemos de los objetivos que pretendemos con ella.
- Finalicemos la actividad haciendo un resumen y una valoración de la misma (sin sensación de derrota) y abriendo buenas expectativas para la próxima clase (“en la próxima clase espero...”).
- Las tareas que propongamos deben de tener distinto nivel de aplicación, en función de cada alumno.
- Empleemos, aunque sea ocasionalmente, el trabajo cooperativo con grupos homogéneos en nuestras clases. Si nos convencemos de la bonanza del mismo, lo utilizaremos con más frecuencia.
- Sancionemos, proporcionalmente, las conductas negativas, pero ofrezcamos vías de recuperación (“sí haces..., te cambio la sanción o te la quito”).
- Utilicemos un programa de economía de fichas: quitemos y pongamos puntos en función de determinadas conductas o actuaciones. Al estilo de los “puntos del carné de conducir”. Tengamos preparados los premios que correspondan.
- Despersonalicemos los conflictos. Tenemos que garantizar los derechos colectivos (“los demás tienen derecho a...”) o exigir nuestros propios derechos (“yo tengo derecho a...”) o remitámonos a las normas (“la norma nos obliga a...”).
- Todas las estrategias no podemos aplicarla a la vez. Elijamos 2 ó 3 estrategias y apliquémoslas a 3 ó 4 alumnos. Experimentemos con ellas.
- Tengamos en cuenta que por nuestra propia autoestima, en algún caso, es conveniente realizar cambios.
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